Son las dudas que más se repiten en la primera conversación, cuando alguien llega con cajas sin abrir y no sabe bien por dónde arrancar.
¿Necesito tener todo ordenado antes de llevar el material?
No. De hecho, la mayoría de las colecciones llegan mezcladas: fotos sueltas, sobres de negativos, cartas sin fecha. El orden previo no es un requisito, es parte del trabajo. Lo que sí ayuda es que traigas una idea de qué querés conservar primero, aunque sea aproximada.
¿Qué pasa con las fotos que no se pueden identificar?
Se digitalizan igual y quedan marcadas como sin identificar en los metadatos. Muchas veces el contexto aparece después, cuando alguien de la familia reconoce un lugar o una ropa. Dejar ese campo abierto permite completarlo más adelante sin rehacer el trabajo.
¿El material original se devuelve?
Sí, siempre. El escaneo no reemplaza el objeto físico. Al entregar el archivo digital también devolvemos las cajas, sobres y documentos tal como llegaron, con una nota sobre las condiciones de guarda que conviene mantener en casa.
¿Quién puede ver mis archivos durante el proceso?
Solo el equipo asignado al trabajo. Antes de recibir el material acordamos por escrito qué se puede usar como ejemplo y qué no. Si preferís que nada salga del estudio, se registra así y no se comparte ninguna imagen fuera del circuito de trabajo.
¿Cómo se entrega el archivo digital?
En una estructura de carpetas ordenada por colección, año o tema, según lo que hayamos acordado. Los archivos llevan metadatos y nombres consistentes. Se entrega en un disco y, si lo pedís, también queda una copia en un servicio de almacenamiento en la nube.
¿Puedo digitalizar solo una parte y seguir después?
Sí. Muchas familias empiezan con un lote acotado, revisan el resultado y deciden cómo continuar. Trabajar por etapas también permite ajustar criterios de metadatos sobre la marcha, antes de aplicarlos a toda la colección.